martes, 14 de marzo de 2017

La Primera vez que Salí a la Calle

INTRODUCCIÓN

Era un viernes de diciembre del año de 1970, cuando yo era una jovencita cerca a sus 21 primaveras, estudiante del primer año en la Facultad en la UNAM. En esa época yo tenía acceso al departamento de una amiga de la familia y ella se iba los fines de semana a mi casa familiar, que se encuentra en el norte de la gran ciudad de México, mientras que ella vivía en el sur, allá por la colonia Portales. Unos tres meses antes de ese hermoso viernes, yo había heredado de mi hermano mayor su coche pues él se acababa de comprar un auto nuevo, un hermoso DKW, de seguro la mayoría de las que lean estas líneas no tenga idea de que tipo de auto era "ese", se puede decir que era un modelo del actual Audi, ese sí lo conocen, ¿verdad?, y todas quisiéramos uno. Claro que yo estaba feliz cuando mi hermano me dio las llaves, pero había que hacerle algunas reparaciones. Como buena estudiante el dinero que recibía de mi mamá a diario únicamente me alcanzaba para mi transporte y me quedaba un poquito que yo había estado guardando para poder comprarme una peluca, zapatillas, un vestido, ropa interior y cosméticos. Entonces, decidí repartir mi dinero para comprar mis enceres femeninos y dejar caminando a mi DKita (así le decía de cariño). La peluca era indispensable, así como la ropa interior y zapatillas, ya que ninguna de las mujeres que conocía calzaban del mismo número que yo. Y por otro lado, mi DKita necesitaba urgentemente una afinación y el cambio de una pieza de la suspensión, que me costó bastante dinero. Quedó pendiente la marcha y un defecto que tenía en el carburador, porque había que comprarle una pieza y el dinero que me quedaba no me alcanzaba para todo (entre mis monerías me gusta la mecánica automotriz, claro de los autos viejitos, de los que tenían carburador y platinos, porque de los nuevos no entiendo ni un pepino). 

Entonces, siguiendo con mi historia, el defecto que tenía mi hermoso DKita era que cuando se quedaba parado más de una hora era imposible echarlo andar con su marcha eléctrica, había que sacar un poquito de gasolina con una manguerita que tenía destinada para eso y echársela a la garganta del carburador, después empujarlo el con la cuarta velocidad puesta hasta que arrancara. Algo hermoso de este auto, es que era semiautomático, sólo tenia el pedal del acelerador y del freno, ya que el embrague (¡ojo!, esta es la palabra correcta en español, no "clutch") era eléctrico, al tomar la palanca de velocidades se cerraba un circuito eléctrico y se activaba el embrague, el caso es que al arrancar el DKita una dejaba de empujar y el coche se detenía, pero su motor quedaba andando, entonces me subía y metía primera y aceleraba. O sea, que para echar andar el DKita con un empujón, solo era necesaria una persona, no dos como en el caso de los autos convencionales.


LAS ZAPATILLAS

Un día que salí temprano de la escuela, me dirigí en mi flamante DKita a unas zapaterías que se encontraban donde empieza la avenida Ermita, ahí por la colonia Portales, estuve viendo las zapatillas, únicamente contaba con 100 pesos; para eso, yo ya había pensado que me pondría una falda azul de mi amiga Tina, por lo que me fijé principalmente en las zapatillas azules. Después de dos horas de estar buscando me encontré una pequeña zapatería metida en un callejón, al voltear las vi y me quedé prendida de ellas. Eran color azul oscuro de tacón del cinco y con un hermoso moño en el empeine, crucé los dedos con mucha fuerza antes de ver el precio y cuando lo vi, eché un brinco y ¡viva! que la dependienta voltea a verme, ya que estaba un hermoso "90 pesos en tallas del 23 al 25". Entonces la señorita (la dependienta) me asintió, "estoy segura de que encontró lo que estaba buscando ¿verdad?"

En ese momento regresé a la tierra y al oír esas palabras sentí que mi temperatura subía a más de 40 grados, de la pena. Nunca me había puesto a pensar como iba a comprar vestidos, maquillaje, zapatos femeninos, etc. Pero la forma en que la señorita me habló me dio confianza y entonces le contesté que sí, entonces ella agrega, "¿son para su mamá o para su novia?", rápido le contesté que para mi novia y el exabrupto de felicidad es que había encontrado lo que quería y al precio que tenía en mente. Crucé la pequeña puerta y entonces ella me dijo "¿cuáles son?" y se las señalé, me preguntó ¿qué número calza tu novia?" y yo le contesté que realmente no sabía cuál era, pero le dije que una vez ella se puso mis tenis y anduvo muy a gusto todo el día, entonces ella me preguntó que de que número calzaba yo, le contesté que del cinco. Se agachó y sacó una típica caja de zapatos, al abrirla, vi un resplandor que destellaba, eran esas hermosas zapatillas (claro, el resplandor sólo lo vi yo).
Casi me voy hacia atrás cuando ella me dijo, ¿por qué no se los prueba?, "pase por aquí y pruébeselos, nadie lo va a ver y así esta seguro que le quedan a su novia". Todo lo hice tan autónomamente y hasta que me preguntó que como los sentía, me los vi puestos (no recuerdo ni cuando me quite los calcetines), entonces le contesté que ligeramente apretados, entonces ella me dijo "estarán bien ya que al usarlos con medias quedarían perfectos". Me pregunto que si quería que me los envolviera para regalo, le dije que sí. Saqué mi flamante billete de 100 pesos, de esos que tenían al gran Hidalgo (de aquellos cafés que se hacían en los USAs) y me devolvió mis diez pessssssotes.
Al salir de la zapatería abrazando mi caja con un enorme moño rosa, volteé para despedirme de la amabilísima y comprensiva señorita, nos dijimos hasta luego y en su sonrisa se veía una satisfacción de haber ayudado a un muchacho en apuros, pero ella nunca supo la gran ayuda que me dio, además de las zapatillas, pues con ese encuentro me di cuenta que un hombre puede fácilmente comprar cosas de mujer sin el más mínimo problema. Realicé toda la ceremonia para echar andar a mi DKita, y al fin me subí al auto y no me aguanté las ganas, con mucho cuidado desenvolví mi regalo y me puse mis zapatillas, aceleré el auto y me dirigí a mi casa con una gran satisfacción, además accionando los pedales con unas hermosas zapatillas azules.

  
La Peluca Y Otras Cosas  
A la semana siguiente, nuevamente salí temprano de la facultad y me fui a la tienda Aurrera Universidad, entré con mi DKita al estacionamiento y me dirigí a la tienda, tomé un carrito y empecé a pasearme por los pasillos hasta que encontré los discos, eché un disco de Oscar Chávez y uno de Chabuca Granda, seguí caminando hasta la lencería y estuve viendo los bikinis (juego de pantaletas con brassier) hasta que encontré uno rosa con un moñito enfrente tanto en las pantaletas como en el brassier. Inmediatamente me dirigí a las  cajas, la señorita tomo mi mercancía y me dijo son 130 pesos, con todo dolor de mi "codo" le pague. Curiosamente los discos me costaron casi el triple que mi bikini, por tal motivo no podría comprar la pieza del carburador, o sea que para arrancar el Dkita, seguiría con el empujón. En ese estacionamiento del Aurrera había una serie de tiendas de las cuales había una de pelucas "Pixie". Las pelucas Pixie tenían poco de haber salido al mercado  en México, antes de que salieran, el que yo pudiera comprarme una peluca era casi imposible, pues las más baratas oscilaban entre los 800 y 1500 pesos, en cambio las Pixie iban desde los 100 pesos hasta los 450 las de pelo largo. Al llegar a la tienda de nueva cuenta me dio pena el estar mirando las pelucas, pero me acorde de mi amiga la de la zapatería y me puse a mirar sin importarme quien me veía, y de nuevo ocurrió, nadie me veía ni se extrañaba que un hombre estuviera viendo pelucas. 
Al encontrar la que me gustó, me decepcioné, pues el precio se salía de mi presupuesto, por lo tanto tuve que conformarme con una de pelo corto pero con "crepé", esa costaba 210 pesos, se salía por 10 pesos de mi presupuesto, pero recordé los diez pesos que ahorre la semana pasada con mis zapatillas y decidí entrar a la tienda. Entré a la tienda con mucha confianza y le dije a una de las dependientas: me puede enseñar esa peluca de pelo corto que esta allá, la señalé con mi dedo, me contestó "la quiere chica, regular o grande" (no me imaginé que había diferentes medidas), entonces le dije que mediana, de todos modos ella me contestó "si no le  queda a la persona, con mucho gusto se la cambio antes de una semana". Yo pensé que la iba a sacar del aparador y con mucho cuidado la envolvería y yo me llevaría una caja grande. Pero ¡¡no!!, abrió un cajón y sacó la peluca y la metió en una bolsita y me la dio. Debo haber puesto una cara de no sé qué porque la señorita rápidamente me dijo "para que la peluca quede como la del aparador, tiene que peinarla, o llevarla a un salón de belleza donde se la peinarán". ¡¡Ahh!!, "esta bien señorita, así lo haré". Pasé a la caja y pagué mis 210 pesotes. Bueno esto me resolvía el problema de guardarla, porque ya había ideado mil cosas en donde guardar mi hermosa peluca. Me fui a la panadería del Globo y me compré un panqué de chocolate, hice la ceremonia para echar andar mi DKita y me enfile a mi casa comiendo mi panqué en lo que pensaba en que fecha sería el gran día.




LOS PREPARATIVOS 

El gran día fue fijado para el viernes 21 de diciembre. Ese día me paré a las diez de la mañana, era tarde, ya que me había dormido a eso de las cuatro de a mañana debido a la emoción por lo que pasaría ese viernes por la noche. Mi mamá me dijo que quería de desayunar (como buena mamá, hacía lo que fuera con tal de que su hijito estuviera bien), me sirvió una tanda de panes con mantequilla y un rico café. Como nada más quedábamos ella y yo en la casa, se sentó a platicar conmigo. "Oye Fer, que té pasa te veo raro, como un poco excitado, ¿te encuentras bien?". Hice cara de fastidio y le conteste de mala gana, "claro que estoy bien mamá, lo que pasa que hoy en la noche vamos a ir a una fiesta". "¿Con quien vas a ir?", "con quien más mamá, con Julián y Oscar, ya sabes que siempre vamos juntos, y ahora va acompañarnos la hermana de Julián". "Y tu vas a estar feliz ¿verdad?", es que mi mamá sabía que Miriam la hermana de Julián me gustaba mucho. Como a las doce del día me despedí de mi mamá y me
fui en mi DKita, lo lleve a lavar tanto por  dentro como por fuera.

Como a las tres de la tarde llegue a las cercanías del departamento de mi amiga, fui directo a un salón de belleza con mi peluca en la mano, al entrar una señorita se dirigió a mí preguntando que deseaba, le enseñe la peluca y le dije que si la podían peinar y me contestó que cómo la quería mi mamá, le contesté de que como sabía que era para mi mamá y me dijo que todos los muchachos que traían pelucas era para sus mamás, en eso ambos soltamos una sonrisa. "Bueno", le dije, "supongo que un crepé", "esta bien ven por ella como a las ocho de la noche", levantó la mano y señaló hacia donde había como siete pelucas y me dice "y aparte, las clientes que llegan, pero ten por seguro que estará lista para las ocho". Salí muy contenta con un dolorcito en la panza debido a que ya tenía hambre. 

Para esto me fui a casa de Julián que vivía (y vive todavía) en el mero centro de Portales, ya que había quedado con el de que comeríamos juntos. Cuando llegué a su casa Miriam estaba saliendo con su guitarra y le pregunté que adonde iba, me dijo que a casa de unos amigos para practicar ya que darían una serenata esa noche. Como siempre, le dije que la llevaba con sus amigos, ya que Julián se estaba bañando apenas. Ya en el carro me invitó para que fuera con ella en la noche, que oportunidad para estar con ella, pero mi emoción por el gran día era muy grande, además ya había quedado con ella de que el siguiente sábado saldríamos a comer, con todo dolor de mi corazón le tuve que decir que ya tenía un compromiso esa noche. En ese momento tomo la bolsa donde traía mi bikini y asombrada me preguntó "¿y esto?, no es tuyo ¿verdad?, ja ja ja". En ese momento quería que me tragara la tierra, mi mente se puso en blanco hasta que reaccioné, recordando a mi amiga la de la zapatería, rápido le conteste que era de mi amiga Yina (la del departamento) y que me pidió que los llevara a mi casa en la noche, ya que Tina como casi todos los fines de semana, se iría en la noche a mi casa. "Ahhh", dijo Miriam, "es con ella tu cita en la noche", me reí y le conteste afirmativamente y que iría con mi hermano (eso se lo dije para que no fuera a pensar que me interesaba Tina), además de que era cierto que había un romance entre mi hermano y Tina. En ese momento llegamos con sus amigos y nos despedimos. Arranqué mi DKita y al dar la primera vuelta me detuve y metí todas mis hermosas cosas en la cajuela, porque si  las veía Julián sería más difícil explicarle. Ya en el restaurante le dije a Julián "tienes que cubrirme en la noche, porque le dije a mi mamá que saldría contigo y con Oscar", "esta bien" me contestó, (esto casi siempre lo hacíamos, pues nuestras mamas nos cuidaban de no caer con alguna “bruja” como decían ellas y nos fuera

arruinaran la vida), oye pues no que te gusta mi hermana y, a hora te vas con otra chica, le dije: no te apures, es solo una cita sin compromisos. Esto me lo preguntó, pues cada vez que nos cubríamos, quería decir que íbamos a salir con alguna chica, lo que no sabía Julián que la chica de esa noche sería yo, jijiji. Ya como a las siete me despedí de él y regrese al departamento de Tina. Para esa hora, tanto Tina como mi hermano, de seguro  estaban en el departamento, así es que me quedé estacionado en un lugar que ellos no me vieran esperando a que se fueran y poder disponer del departamento para mi solita. Al diez para las ocho mi hermano y Tina salieron del departamento y se fueron a mi casa. Estacioné el DKita en la entrada del edificio y me fui caminando al salón de belleza para recoger mi peluca. Quede maravillada cuando la vi, se veía más hermosa que como lucía en el aparador.



LA TRANSFORMACIÓN 

Al fin entre al departamento de mi amiga Tina, dejé mis cosas sobre la cama me desvestí y me di un baño. Rasurarme me fue fácil ya que a esa edad la barba era más bien vellos grandes (tiendo a ser lampiña). O sea que no me rasure las piernas ni axilas. Al salir del baño me senté en la cama y con todo cuidado saqué mi bikini, desprendí las prendas del gancho y primero me puse la pantaletas, estaba tan excitada que me costo trabajo ponerlas (ya saben por qué ¿verdad?). Lo mismo me paso con el brassier ya que era de esos que la copa era de tela suave entonces mis pezones quedaron erectos parecían dos puntas de... El caso es que en ese momento me paso  por la mente que sí seguía así iba a estar difícil que saliera a la calle ya que se vería muy rara mi falda, ¿no creen?..

Bueno, traté de olvidarme de eso en ese momento y fui a sentarme en el banquillo de la coqueta (tocador), para escoger los cosméticos que me iba a aplicar. Con horror me di cuenta que casi no había nada. Se me había olvidado que Tina iría a una fiesta con mi hermano al día siguiente y por lo tanto se había llevado casi todos sus cosméticos. Me puse a buscar y encontré un lápiz de cejas, un "rimel" casi seco, un lápiz labial color ocre pálido y unas pinturas de ojos resecas (antiguamente había unas sombras para ojos como las pinturas de agua). Con mis uñas le saque punta al lápiz de cejas y lo use para delinearme los ojos. En fin, al cabo de una hora quede más o menos maquillada, debo decir que a esa edad realmente no necesitaba grandes cantidades de maquillaje, como ahora. Bueno me paré ante el espejo, me miré y de veras que me gusté mucho. En ese momento me fije que mi excitación había pasado, la física, porque le emoción de lo que estaba haciendo iba "in crecendo". Me puse un medio fondo azul claro y como estaba parada frente al espejo decía "Waw" que guapa. 

Descolgué la falda que había elegido, una azul de punto, recta, y me la puse. También me puse una blusa de punto blanca, y según yo, quedé muy bien. Finalmente tomé un bolso blanco hecho de perlas (claro que de plástico) en el cual puse los pocos cosméticos, mi licencia de manejar, mi credencial de la UNAM y 200 pesos dividido en diez billetes de a 20 pesos, separados, por si había que dar gratificación a los policías. Finalmente me puse la peluca y la transformación fue completa, creo que me veía muy pero muy bien. A unos segundos de cruzar la puerta del departamento estaba en un estado de éxtasis, era una situación que en ese momento no podía decir que era lo que me pasaba. 

Retroactivamente, lo que me sucedió en ese momento eran tres emociones juntas, cosa que nunca me había pasado. La primera de éstas emociones es la alegría de verme completamente como una mujer. La segunda era el suspenso a arriesgarme hacer algo que estaba prohibidísimo en esa época. Y la tercera emoción, esta emoción no sé como definirla, pero se podría poner como una pregunta, ¿pasaré como mujer? Esta sensación tan especial de éxtasis, sí se la deseo a todo ser humano. Algunas personas  que cuentan su primera vez, hablan de que tienen "miedo", yo estoy segura de que ese sentimiento no lo hay en ese momento mágico, ya que sí alguna de nosotras sintiera miedo, les aseguro que no nos atreveríamos a salir, el miedo es un sentimiento no deseable.

  
 LA AVENTURA
  


Comencé a bajar las dos escaleras del edificio, cuando iba a la mitad de la segunda escalera encontré a una familia que subía las escaleras
Caminado por las calles
de la Ciudad de México
2003.
, me saludaron y yo moví la cabeza únicamente, al pasarlos, de reojo, los vi y me sentí bien al ver su comportamiento normal. Por fin estaba en a calle, eran como las nueve y cuarto. Me subí al DKita, arranqué (sin empujón, pues no habían pasado dos horas) y tomé rumbo al centro de la ciudad. Me quedé pensando a donde iría exactamente, eso no lo había planeado. Al fin decidí ir al centro, a la avenida de San Juan de Letrán (hoy Eje Central Lázaro Cárdenas), ya que había recordado que en esas calles te tomaban fotografías y podías ir al día siguiente a comprarla. Había mucho tráfico pues hay que recordar que faltaban dos días para la Navidad. Una vez en San Juan de Letrán empecé a caminar despacio para ver donde estaban parados los señores con sus cámaras pero, ¡oh desilusión! ya no estaban, lo que pasaba es que ya era muy tarde, en eso mire a mi lado izquierdo y vi a un señor en su coche que me estaba haciendo señas para ver sí le hacía caso, simplemente volteé para el frente y seguí mi camino. Esa fue otra sensación que jamás había sentido, el que un hombre se fijara en mi, y eso me gusto mucho, no en el sentido que yo haya sentido atracción por un hombre, porque no la sentí, sino porque eso me decía que por lo menos esa persona me tomo como una mujer.

Lista para salir al cine, casa de mi mamá en la Ciudad de México, 2004.
Lista para salir al cine, casa de mi
mamá en la Ciudad de México, 2004.


Después de ese incidente, me acordé que en la glorieta donde se encontraba la Diana Cazadora, (no donde se encuentra actualmente), donde también se encuentra el cine Cha
pultepec, el Departamento del D.F. siempre ponía unos muñecos tamaño natural de los Reyes Magos y por lo tanto unos señores tomaban fotos a las personas. En ese entonces tenían poco de haber salido las famosas cámaras Polaroid, por lo cual le entregaban a uno la foto inmediatamente. Al igual que a hora, era casi imposible estacionarse sobre Paseo de la Reforma por lo cual me dirigí una calle cerca del metro Chapultepec, era una calle poco transitada y pude estacionar perfectamente a mi DKita. Me fui caminando hacia Reforma a la glorieta que ya les comenté. Al llegar, efectivamente estaba un señor y un niño tomando las fotografías a los transeúntes. Fui caminando y al llegar donde se encontraban los muñecos los empecé a ver como si no hubiera visto a los señores, hasta que empecé a oír "señorita", esa fue otra de las sensaciones extraordinarias, cuando te dicen SEÑORITA, te sientes lo máximo volteé y el señor me dijo, "¿le tomo una fotografía señorita?, entonces asentí con la cabeza y me puse en pose.
A continuación pueden ver esa fotografía. Se ve un poco fea porque tiene veinte y tantos años y recuerden que es una foto Polaroid de las primeras, que no eran tan buenas como las de ahora. Por cierto hace poco perdí mi cartera y en ella estaba esta foto pero tuve la suerte de "escanearla". Bueno, el caso es que cuando me entregaron la foto no sabía como preguntar cuanto era, entonces me acerque al niño y le pregunte en voz baja que cuanto era, yo creo que fue tan baja mi voz que no me entendió por o cual le pregunte otra vez y entonces me dijo que cinco pesos señorita, abrí mi bolso y le entregue uno de los billetes de 20 pesos, me entrego mi foto con mis quince pesos de cambio, metí todo a mi bolso y empecé a caminar por Reforma hacia el centro de la ciudad.
  

Esta es la fotografía que me tomé ese fabuloso
día. Tomada en la entrada al bosque de Chapultepec,
 por la avenida Paseo de la Reforma, Diciembre de 1970.



Como era viernes en la noche había mucha gente en la calle y, como mis zapatillas eran cómodas pues el tacón era del 5, no sentí cansancio alguno. Por lo cual decidí irme caminando por la banqueta rumbo a la avenida de Los Insurgentes. Noté que conforme pasaba la gente los hombres me echaban miraditas y, si iban acompañados por una mujer, lo trataban de hacer más discretamente. Yo me sentí muy bien por eso, pero después me desilusioné un poco porque me di cuenta que esas miraditas se las echaban a todas las mujeres que caminaban solas (dejarían de ser hombres ¿verdad? Jajajajjajaja, en ese momento recordé que yo siempre hacía eso mismo). Al llegar a la glorieta de La Ángel (digo que es La porque ¿no han visto que hermosas mamas tiene?, por lo tanto no puede ser Él). Se me ocurrió ir Sanborns y entrar al sanitario de damas, pero aquí si sentí miedo y por lo tanto no lo hice. Entonces doblé hacia la Zona Rosa y de repente veo que se para un auto y me invita a entrar (ahí si es donde sentí un poco de miedo, mezclado con la emoción de haber pasado por prostituta) me volteé y camine para otro lado. Y al dar dos pasos se me acerca un muchacho y me pregunta que cuanto... rápido le muevo la cabeza y la mano indicándole que no. Y eso me empezó a ocurrir, hasta que me doy cuenta que abundaban las "chavas" con minifalda y los coches haciendo fila, pues me encontraba en la zona roja de la Zona Rosa. Decidí caminar rápidamente sobre la calle de Londres hasta la avenida de Los Insurgentes, doblé hacia la glorieta del metro Insurgentes y después por Av. Chapultepec, para llegar a la calle donde había dejado mi Dkita. Pero vi que las cosas se calmaron, entonces empecé a zigzaguear por la zona Rosa tratando de evitar la zona de las "Chavas", de todos modos me siguieron dando lata los hombres, sin llegar a ser groseros ni agredirme.

Viajando en el metro de la ciudad de México, 2004.


REFLEXIÓN
Aquí quiero hacer una reflexión: el sentir que me confundieran con prostituta, me reafirmó mucho mi feminidad, porque ¿quién no ha tenido fantasías de ser una prostituta? En el caso de una muchacha, en su hoja Web, habla de la primera vez que sale, ella va con el propósito de ser confundida con una prostituta y de hecho se sube a un coche y terminan en el hotel, el muchacho la trata tan gentilmente que ella le entrega su virginidad. Creo que tanto esta muchacha como su servidora sentimos la misma emoción en el momento que nos dimos cuenta que podíamos ser tratadas como prostitutas, la diferencia es que a mi no me interesa una relación sexual con un hombre, mientras que para ella era algo muy importante. Lo importante para mí, simplemente era él poder ser confundida por una mujer en todo el sentido de la palabra.
Breviario cultural, la palabra prostituta viene de prostíbulo, los prostíbulos son las columnas de los acueductos que se usaban en la época de los romanos, incluso todavía en el siglo pasado en muchos países se usaban estos acueductos, por ejemplo las ruinas que quedan sobre la avenida Chapultepec (en la Cd. de México) del antiguo sistema de agua, esas ruinas son los prostíbulos, entonces las "Chicas" se paraban en esas columnas y de ahí derivó el nombre de prostituta. Para ilustrar esto en la siguiente fotografía se ve a una servidora recargada en un prostíbulo esperando a un cliente.

Esperando un cliente, jugando a
la sexo servidora
Finalmente decidí irme hacia mi DKita, pues ya tenía cerca de tres horas caminando y ya empezaba a sentirme cansada y con hambre. Sí yo tuviera una voz femenina, creo que hubiera entrado a un restaurante, pero desgraciadamente mi voz es masculina. Bueno faltando dos cuadras para llegar a mi Dkita pasó un "Bolchito" con tres muchachos y me empezaron hacer proposiciones, yo muy coqueta les dije que no, insistieron, entonces decidí cruzar la Av. Chapultepec para que me dejaran de dar lata. Seguí caminando tranquilamente, a esa hora (como las 12:45) ya estaba bastante vacía la calle, entonces me di cuenta que la que estaba caminando en ese momento a esa hora era Fernanda y no Fernando, me sentí un poco  intranquila y apresuré el paso. Al cruzar la última calle antes de llegar a mi DKita se me cerro el "Bolchito" y dos de los muchachos salieron a tratar de agarrarme, uno puso su mano en mi pecho mientras que el otro me tomaba del brazo diciéndome que por que me hacía del rogar ya que estaban dispuestos a pagarme lo que quisiera, mientras me enseñaba un billete de cien pesos. Mi reacción fue aflojar mi cuerpo lo más que pude, manteniendo las piernas firmes, hasta que sentí que ellos también aflojaron sus manos, sin dejar de agarrarme. Deje que tomarán un poco de confianza y de un movimiento rápido me zafé y eche a correr, creo que mi entrenamiento de básquetbol funcionó muy bien, pues rápidamente los deje y nada más oí insultos y que a horita me iban a agarrar, de reojo vi que arrancaron a toda prisa para darle la vuelta a la manzana, entonces, recordando mis películas de vaqueros (yo era aficionada a los "westerns") decidí regresar al lugar de los hechos y caminar, bueno correr hacia mi Dkita. Al dar la vuelta donde se encontraba mi DKita me di cuenta que estaba un grupo de personas que se veía que disfrutaban de una fiesta. Entonces decidí caminar como si nada, aunque estaba temblando desde la punta de los pelos hasta mi dedo meñique de los pies. Abrí mi hermoso DKita me subí y lo eche andar... "ANDAR", en la torre (por no decir en la madre) pues no camina, hay que echarle gasolina al carburador y empujar. Decidí estarme un tiempo prudente esperando a ver si se metían esas personas a su fiesta, pero nada, en eso veo venir al "Bolchito" y me deje escurrir en el asiento, oí como pasaba lentamente y no se cuanto estuve en esa posición hasta que ya no oí nada. Me senté con mucho cuidado y vi que ya no había nadie. Sigilosamente abrí la "portezuela" y salí con mi manguerita (la de la gasolina no sean mal pensadas), logré cargar la manguerita con gasolina, y "¿ahora que hago?" se me había olvidado abrir el "capote" del motor, con mucho trabajo lo logré hacer y en el momento que estaba poniendo la gasolina salieron dos jóvenes de la fiesta y obviamente se acercaron para ayudarme, eso hizo que se me bajara un poco el miedo, pues regresó esa sensación de que te traten como a una dama, con señas les dije que si me podían empujar y, rápidamente, uno de ellos me abrió la portezuela, entre al carro y empezaron a empujar hasta que arrancó, aceleré saque la cabeza y les di las gracias tratando de hacer mi voz lo más delgada posible. Por el espejo retrovisor vi que me decían adiós con sus manos al igual que yo.

Descansando en una banca de un
jardín 
en el centro de Mérida, 2003

Rumbo al departamento de Tina me quede meditando todo lo que pasó. Mi meditación fue sobre qué fue lo que aprendí de toda esta aventura. Independientemente de todas las satisfacciones  que tuve al verme como una mujer y que me hallan hecho sentir como una dama (fue la parte más hermosa), aprendí que si quiero tener un paseo tranquilo debo pasear por lugares donde hay gente, y en horarios de señoritas. En el momento que me agredieron me di cuenta del miedo que sienten tantas mujeres por este tipo de acción de los hombres, que en general son unos cobardes, porque les aseguro que si uno de esos tres muchachos se hubiera presentado solo, y al negarme yo, jamás se hubiera atrevido a atacarme.
Finalmente llegue a mi casa, entré y mi mamá (como buena mamá) estaba despierta y me preguntó que como había estado la fiesta, yo le conteste que muy agitada y movida. "Ahh, Fer, te dejé un café y una torta en la mesa", "Gracias mamá", rápido fui a sentarme (porque entre el miedo y tantas horas sin comer, ¿se imaginan el hambre?) y devore mi torta en lo que empezaba a planear la siguiente salida...
Me despido mandándoles un beso y deseándoles a las primerizas que disfruten su PRIMERA VEZ.
Fernanda




Hola mis Hermosas Lectoras
Espero que hayan disfrutado la lectura (tanto como yo la escritura) de mi artículo en el que narro mi primera salida como una mujer. En esta ocasión quiero comentarles algunas cosas que me pasaron después de ese fabuloso día, tanto cosas buenas como malas. La intención de contarles estos hechos, es que cuando leo las páginas personales de otras chicas me encuentro que no es tan diferente mi historia respecto a la de ellas. La única diferencia que he encontrado respecto a las otras chicas, a excepción de las chicas transexuales, es que mi gusto por lo femenino lo recuerdo desde que tengo uso de razón, y en general el gusto por lo femenino de la mayoría de chicas es en la pubertad, al menos así lo confiesan, y ¿Ustedes desde cuando se acuerdan de su gusto por lo femenino?, no se si es importante responder esta pregunta, lo que si sé es que esto me atormento mucho tiempo, pues al crecer en un ambiente totalmente machista, una se siente que esta fuera de la ley y, si además eres religiosa, te sientes en el pecado. Este comentario viene porque después de haber disfrutado ese fabuloso día, empecé a tener remordimientos de conciencia, diciéndome que fue muy malo lo que hice y que no debería volverlo hacer. Este tormento es muy grande, a tal grado que decidí hacer algo radical. Tomé todas mis hermosas cosas femeninas e hice una hoguera, y me quede contemplándola viendo como se destruía esa felicidad que tuve al comprar mis zapatillas, mi peluca, mi bikini, etc. Hasta la falda y blusa que mi amiga Tina me las regalo después que le enseñe mi fotografía. Una ves que quedaron únicamente cenizas me voltee y me fui caminando pensando que yo era muy macho y que no necesitaba de esas cosas para poder ser feliz. Efectivamente tuve a mi primera novia y eso reafirmo que definitivamente me gustaban las mujeres, por lo que pensé que mi feminidad ya se había quedado a la historia. Pero al poco tiempo me regreso mi feminidad y nuevamente empezaron mis tormentos, el sentir esa incongruencia de los femenino con lo masculino (incongruencia que nos mete la sociedad en nuestras cabezas) y, nuevamente como no queriendo se inicia el proceso de compra de cosas femeninas con el pretexto de es por última vez (como los seres humanos somos capases de inventar pretextos para hacer cosas que supuestamente están prohibidas, yo pienso que por eso las drogas tienen tanto éxito). ¿Y qué es lo que sucedió? Pues que termine regalando mis cosas a una institución de caridad. Y nuevamente el ciclo se repetía (y estas repeticiones nos cuestan mucho, tanto moralmente como económicamente). Esto no se solucionó hasta que tuve el coraje de entender que mi feminidad estaba afuera y por lo tanto la tenía que respetar como mi masculinidad. A partir de ese momento empecé a ser un poco más feliz cada día.
Aprendí que el Sol no se puede tapar con un dedo, y los que lo hacen son infelices.
Una reflexión bonita: La suerte que tuve al encontrar a esa hermosa muchacha cuando fui a comprar mis zapatillas me dio la confianza de que un hombre puede comprar cosas femeninas y que nadie (o casi nadie) se extraña de eso. Una vez recuerdo que mi novia y una servidora fuimos a comprar “pantaletas” a un centro comercial de ropa, las tenían sobre unas mesas separadas por tallas, mi novia era de una talla mayor que yo, entonces empezamos a ver las de mi talla, pero como era una variedad muy grande, mi novia se fue a buscar las suyas a la correspondiente mesa, de repente una dependienta (una muchacha de unos 25 años) estaba junto a mí esperando a que terminara de escoger. Terminé y se las di, en eso me fui a esperar a mi novia a que terminara, junto a mi novia estaba otra dependienta esperando a que terminara de escoger, entonces esta dependienta me preguntó si se me ofrecía algo (ella no me había visto), entonces antes de que le pudiera responder la señorita que me atendió le dijo “el señor ya escogió las suyas solo esperamos a su novia”. En ese momento me dio pena mientras mi novia se sonreía. Ya en el automóvil lo comentamos y empezamos a sospechar que un buen número de hombres compran prendas femeninas (independientemente si son para una mujer o para uso de ellos). Esta señorita se comportaron como si yo estuviera comprando calcetines. Amigas mías no les dé pena ir a comprar esas cosas femeninas que tanto nos gustan, hagan la prueba yendo a una tienda departamental (como Sears o Liverpool o equivalentes) y vayan al departamento de lencería y pónganse a ver todas esas maravillas, tóquenlas, vean los  precios las tallas y de reojo vean a las personas que esta rodeándolas y verán que nadie las “pela” y, compren algo, pídanle ayuda a las dependientas y verán que no hay ningún obstáculo para comprar prendas femeninas por muy íntimas que sean estas. Así he comprado la mayoría de mis prendas, incluyendo la exquisita ropa íntima.
Me despido como siempre, mandándoles un beso tronador y un abrazo de Oso.
Su amiga
Fernanda







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Enrique dijo...

Fuiste una mujer muy osada, valiente y muy inteligente por saber como sobrellevar lo que te pasó lo que te dio un mayor motivo a conseguir lo que querías de la vida

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